Opinión

Violencia, Corrupción, Impunidad y sus inherentes DAÑOS COLATERALES [Opinión: Bárbara Contreras]

Fotografía: Omar Bárcena / cc

“Violencia, Corrupción, Impunidad y sus inherentes DAÑOS COLATERALES”

[Opinión]

Por: Bárbara Contreras
Integrante del Parlamento de la Juventud de Baja California.

Nadie puede discutir que los mexicanos somos un pueblo resistente, nuestra historia está marcada por la desigualdad y la injusticia social, hemos sobrevivido a invasiones, saqueos a la nación, genocidios, crisis económicas, al FOBAPROA, los feminicidios, la militarización y día a día seguimos sobreviviendo a las innumerables injusticias, arbitrariedades y violaciones.

Sin embargo, en los últimos años, la violencia y la corrupción han ocupado las primeras planas de todos los medios de comunicación de forma cada vez más recurrente. Se ha vuelto inevitable que desde el momento en que establecemos contacto con el exterior, es decir en las primeras horas del día, un gran número de malas noticias llegan a nosotros como ataques a nuestro diario andar, podría ser esto camino a nuestras labores, en el primer semáforo en rojo que nos detenemos, seguramente podremos entre las manos del diarero, observar en el encabezado del día, algún nuevo caso de corrupción o el hallazgo de un cuerpo sin vida de una mujer que presenta violencia sexual.

Es tan recurrente, que inclusive la propaganda en radio y televisión de los partidos políticos hacen alusión a los delitos, casos de corrupción, nepotismo e incapacidad en el desempeño de las funciones de sus contrincantes; incentivando más el abstencionismo que la participación ciudadana, pues carecen de propuestas y solo fortalecen el argumento de quienes afirman que nuestro sistema político es insostenible.

De igual forma, es indiscutible, que los ciudadanos vieron en la alternancia política del 2000, una esperanza, una posibilidad, de que en el país las cosas mejorarían; germinó entre muchos la idea de que por fin el gobierno respondería a las mayorías, y que habiendo en los órganos de gobierno pluralidad de ideas, estos se verían forzados a enderezar su actuar. Pero el panorama que se vive hoy, a casi 15 años de esa alternancia, es un escenario que se encuentra lejos de ser el que cualquier mexicano hubiera soñado ese domingo 2 de julio del año 2000.

La desilusión y el hartazgo de los ciudadanos es tal, que hemos comenzado a aceptar la situación por la que atraviesa el país, es muy usual escuchar o leer comentarios que indirectamente excusan de responsabilidad a nuestras autoridades.

En febrero, en la ciudad de Mexicali, el caso de Janeth Lizbeth; una niña de 12 años, que había salido un sábado por la tarde a una tienda cercana a su hogar; y que fue encontrada días después sin vida a unos metros de su casa, con signos de agresión sexual; estremeció a la ciudad y generó pánico e indignación en la comunidad cachanilla. Lo curioso fue que la mayoría de los comentarios culpaban a los padres, considerando que permitir que una menor salga de su casa sin la compañía de un familiar adulto es irresponsable, y que fue esto lo que puso a la menor en una situación de riesgo, que terminó siendo un hecho irreparable.

¿Esto quiere decir que hemos aceptado, que el Estado es incapaz de cumplir con uno de sus fines fundamentales, como lo es preservar el orden público y garantizar la seguridad de sus gobernados?

Había yo considerado la posibilidad, de que el instinto paternal fuera el que motivara las opiniones en ese sentido, sin embargo, no fue distinta la forma en que muchos reaccionaron ante las recientes protestas en San Quintín, debido al caso de jornaleros agrícolas que sobreviven (Por que de ninguna manera se podría utilizar la palabra “vivir”) en condiciones de explotación, son jornaleros marginados, humillados y olvidados.

Fueron muchos quienes opinaban que “Mejor deberían ponerse a trabajar”, como si la situación laboral en México no fuese la del desempleo; “Que eso pasa por no estudiar”, como si el acceso a la educación realmente estuviera garantizado por el Estado, como lo dice en letra nuestra constitución; “Que se regresaran a sus Estados de origen, Oaxaca”, “Que mejor se regresen a su Estado de origen, Oaxaca”, como si sentenciáramos que todos los seres humanos que no son originarios de Baja California, no fueran dignos de nuestra empatía y no merecieran del respeto a sus derechos.

¿Esto quiere decir que le hemos revocado la posibilidad de manifestar sus ideas y de protestar contra abuso a quienes no gozan de la protección mínima de sus derechos?

¿Hemos disculpado a las autoridades de ser responsables de estar obligados constitucionalmente a promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos?

Todas las voces que se inconforman, que critican y que se manifiestan contra la violencia, la corrupción, la impunidad, el nepotismo, la incompetencia, la desigualdad, el hambre y otras muchas injusticias de las que el gobierno es responsable por acción u omisión; benefician al país y fortalecen su desarrollo; porque forjan conciencia social y generan el análisis y el debate de  ideas entre los ciudadanos.

Si nosotros, abandonamos la esperanza de que México va a cambiar, nos arriesgamos a enviar el equívoco mensaje a las autoridades de que consentimos, toleramos y permitimos su actuar.

Si nosotros, seguimos considerándonos ajenos a las luchas legitimas que demandan justicia y respeto en nuestro país, por no sentirnos identificados con las demandas o inclusive porque el hecho no nos causa perjuicio directamente, sin lugar a dudas estaremos siendo cómplices de quienes propician tales injusticias.

“No son los rebeldes los que crean los problemas del mundo, son los problemas del mundo los que crean a los rebeldes…La rebeldía es la vida, la sumisión es la muerte” – Ricardo Flores Magón.


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