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MÉXICO DE CABEZA -pisando el cielo de la esperanza


El presidente López Obrador se ha inventado una nueva patria, una que no existe, y en ella se fuga y se pierde. Siempre ausente de las necesidades medulares de la República (Educación, Seguridad Pública, Economía, Salud), la realidad escapa de sus posibilidades, de su voluntad, de su capacidad.

Los carteles y sus pandillas se han apoderado de la plaza pública. Bajo el rugir de la muerte, las comunidades enmudecidas apilan sus muertos. 

El peregrinar de los miles de desplazados, los niños soldados de Guerrero, las mujeres armadas de Michoacán, claman por una paz y una justicia que el Estado no ha tenido la voluntad ni la capacidad de otorgarles. Entre la postura del presidente de que “el fuego no se apaga con fuego”, “abrazos no balazos” y la colusión de las policías con el crimen organizado, la ciudadanía ha quedado a merced del monstruo. 

El presidente ha prescindido del México real, pues él posee su propio país, el país de las maravillas, ese país donde la corrupción ya no existe mas, ese país que domó la pandemia hace mas de un año, ese país rebosante con un pueblo bueno, sabio y feliz. Ese país que ya no padece las masacres, donde el patrón de los sicarios es liberado y al periodista lo inmola desde su altar cada mañana.

El estado de derecho le estorba, tampoco necesita la Constitución, pues en esta patria inventada bastan su deseo y su palabra, palabra que transmuta, literalmente, en ley. De él emana la única verdad, una irrealidad progresiva que lacera con violencia nuestra débil democracia.

La aprobación de López Obrador ha bajado pero permanece todavía alta. En una revelación por demás inconcebible, su ideología, ese choque radical y hostil que ha permeado en el inconsciente de sus devotos, ha marcado una huella honda en millones de mexicanos; sin opinión propia, atrapados en esa doctrina de ideas cursis, son incapaces de atravesar el dogma del caudillo libertador, del mesías que ha bajado del Olimpo para salvarlos. 

La crítica intelectual y de expertos profesionales es herejía, el escrutinio de la prensa y las instituciones autónomas, un sacrilegio imperdonable. El presidente posee atributos incuestionables, solo se permite la veneración y la lealtad. Desde el santuario de las leyes y la legalidad, los legisladores se apegan a la instrucción oficial, se han olvidado de defender la Constitución, el orden y el Derecho. 

La inaugurada ‘cuarta transformación’ nos ha cerrado el paso súbitamente y nos obliga a encontrarnos frente al espejo, con ese México sepultado pero vivo, heredero antiguo de la sumisión, el agravio y la conquista. Seguidor incansable de espejismos que jamás se cristalizan, repetición eterna de su pasado, de un reino que siempre nos condena a vivir al revés, con los pies tratando de pisar el cielo de la esperanza y la cabeza sumida en el abismo•

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