Opinión

No ir es opción válida

Revocación de mandato: ejercicio inédito le dicen. Está desde tiempo atrás previsto en la Ley. Es un derecho ciudadano, no un acto forzado. Oportunidad única no es, pues al estar prevista en la Ley puede hacerse de nuevo, siguiendo los mismos protocolos.

Su esencia es ser herramienta del poder ciudadano para controlar el abuso del poder gubernamental. Sin embargo el origen de esta revocación en particular, viene del poder gubernamental hacia los ciudadanos.

Su promotor, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, descalifica desde hace tiempo al árbitro del proceso, muestra desprecio hacia el Instituto Nacional Electoral, quiere reformarlo, hacerlo a su modo. Aún cuando así como está, aceptó los resultados del mismo instituto cuando ganó la presidencia, eso sí, solo cuando él ganó.

Los días previos a la revocación tenían aspecto de campaña política. Funcionarios electos, como diputadas y diputados, pidieron licencias para ausentarse de sus cargos y sumarse a las porras y acarreos en distintas ciudades de México, y promover la revocación. Dejaron sus importantes trabajos en pausa para eso. Gobernadoras y gobernadores por igual. Funcionarios de primer nivel en el gobierno federal, también. ¿Algo huele raro no creen?.

Más parece un ejercicio para flexionar el músculo de Morena y sus aliados, autodenominados la cuarta transformación del país, y mostrar su capacidad de acarrear personas. De movilizar a grupos. Igualito a como se hacía en la época dorada del Partido Revolucionario Institucional, partido del que emana nuestro presidente.

La movilización con y por dinero. Porque sinceramente en estos tiempos de dificultades económicas, participar por ejemplo, en una caravana de vehículos por toda la ciudad resulta para algunos en una inversión incosteable tan solo en el costo de combustible. Acarrear gente cuesta dinero y evidentemente le estuvieron invirtiendo bastante. Solo ellos pueden. Bueno, a veces hacen uso de dinero público para ese fin, como fue el caso del Secretario de Gobernación que viajó a mítines de Morena en avión de la Guardia Nacional, tal y como dieron cuenta múltiples medios nacionales. Mala costumbre de funcionarios por décadas.

Poniendo pues en contexto todo este escenario y los actos que rodean el casi capricho presidencial de hacer o hacer la revocación, queda la puerta abierta a no ir. Un acto voluntario frente a un sucio proceso.

No ir, no daña en absoluto a la democracia mexicana. No ir, tampoco hace que la ciudadana o ciudadano que así lo decida pierda el derecho de continuar exigiendo resultados concretos en las gestiones de las y los funcionarios públicos, y demandar mayor transparencia. En ambas cosas hay mucho por discutir. Enfoquemos nuestros esfuerzos en lo realmente importante.

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